Va el sapo en su recorrido nocturno a la charca más cercana. El
hecho de imaginarse sumergido en el aquel estanque le produce una
sensación de ensueño. Se deleita pensando en la frescura de esas aguas
cristalinas que le brindarán uno de sus mayores placeres.
Va el sapito
en su típico brinco. Saltando, saltando, como quien va a conquistar una
meta anhelada. Sigue en su trayecto y la fantasía lo embarga. Sonríe pensándose en aquel hermoso lugar que estaba a punto de alcanzar. Cierra sus saltones ojitos y en un breve instante sueña una vida junto al fenomenal estanque.
Ssssssssssssssssssssssssssssssn! Pshhhhh! No se dio cuenta que se aproximaba un coche y no despertó de su fantasía.
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domingo, 15 de diciembre de 2013
miércoles, 23 de julio de 2008
Cierre el paréntesis
¿Entonces el perdón que brotó de tus labios
no fue lo suficiente fuerte para no dejar nacer el rencor?
no fue lo suficiente fuerte para no dejar nacer el rencor?
Ayúdame a entender... aún no lo comprendo.
Tal ves para mañana sea demasiado tarde dar la explicación...
- Los días pasaron y la pregunta fue contestada por rayos de sol, brisas olorosas a mar, libros de cuentos no leídos, cartas a recién comenzar... las canas nacieron, el cabello blanqueó... y ambos quedaron esperando que el barco volviera a pasar por sus puertos.
Tal ves para mañana sea demasiado tarde dar la explicación...
- Los días pasaron y la pregunta fue contestada por rayos de sol, brisas olorosas a mar, libros de cuentos no leídos, cartas a recién comenzar... las canas nacieron, el cabello blanqueó... y ambos quedaron esperando que el barco volviera a pasar por sus puertos.
A veces hay que tener el coraje de lanzarse al mar
y emprender el viaje a nado.
y emprender el viaje a nado.
jueves, 15 de noviembre de 2007
10 de junio
Existen historias cuyos finales aun no se han terminado de escribir.
Que hermoso que este haya sido nuestro caso. Te amo Mo' ...
- Creo que la alcanzo a ver . Sí, es ella
Comenzó a caer nieve, lluvia, truenos y sus ojos parecían cascadas en protesta. Lo perdí, le susurraba la conciencia, me perdió le decían los demonios dormidos.
-Volveré, son sólo dos meses.
- Sé que tienes que ir y no seré quien te detenga a algo que debes hacer- fueron sus palabras cuando le comunicó aquella tarde de primavera sobre el viaje.
Las semanas siguientes fueron un tanto arduas, pues el tema de momento a momento sin decirse salía en la conversación. No paraba de llover, aquel 10 de junio, ella jamás sería igual. Dejaba su tierra, corazón, sueños y lo dejaba a él.
- Pasajeros favor de colocarse sus cinturones, que en unos minutos comenzamos el despegue. Se aferraba a la ventanilla. Allí comenzó a ver como el azul y el verde cautivaba la mirada de aquellos turistas que compartían el mismo vuelo. Buscaba los coches y pensaba que él estaba en uno de ellos. La vista se le perdió en aquella gama fabulosa de verdes compaginados, llamado Cordillera Central.
Cuando sólo se divisaba agua, mar y el avión dirigido al norte, siempre al norte sintió que se perdía. -La volveré a ver, podré estar tan cerca de ella que incluso compartiremos el mismo respirar. De esta forma pudo controlar su llando y los turistas de piel rosada brindaron conversación en casi todo el vuelo.
No hubieron mayores complicaciones, veía como las alas del avión trapazaban las nubes. - Welcome to Baltimore... y despertó del sueño de ojos abiertos, sintiendo ser más extranjera que cualquiera que estaba a bordo.
Sus ojillos verde aceituna, no ha cambiado nada y esa sonrisa que siempre contagia la acompañaba. La abrazó y el tiempo se detuvo, el mundo dejó de girar, las manecillas se cayeron.
De camino a la casa sólo pensaba en él, cómo estará y en el ring, ring de su pronta llamada. Contestaba muy poco al interrogatorio de rutina, sólo respuestas precisas y sin detalles. Allí estaba, como jamás antes esperando una llamada telefónica. Aquella llamada jamás llegó. Comenzó a envejecer tan deprisa y sin discreción desde aquel 10 de junio. Todo se quebró aquella noche.....
- Llegó Fernando, es hora de ir al aeropuerto... despertó del sollozo, se incorporó, desde la cristalera vio por primera vez caer la nieve del invierno del 1999.
(No recuerdo la fecha de cuando lo escribí, pero ha pasado bastante tiempo)
La vida, los números...
una docena de personas
asomando sus cabezas entre la multitud
buscando divisar si entre uno y otro
aparecía su ser amado.
una docena de personas
asomando sus cabezas entre la multitud
buscando divisar si entre uno y otro
aparecía su ser amado.
- Creo que la alcanzo a ver . Sí, es ella
Olvida el ramo de rosas rojas que le ha traído, la emoción es tal que los demás desaparecieron. El vuelo había sido normal, el avión de cuando en cuando tomaba vacíos. Los nervios, como en cada despegue, la traicionaban. Había llegado al aeropuerto pocos minutos antes de que saliera el vuelo. Entre nervios, sustos, revisaron el equipaje en la DUANA.
Entonces supo que había llegado el momento de mayor debilidad, la despedida. Cuando la ayudo a colocar una de las maletas a la rampa para ser revisada sus ojos se cruzaron y por primera vez tuvieron miedo de lo que encontraron el uno en los ojos del otro. Ahora como decirle hasta pronto, no me quiero ir, pídeme que no lo haga, no me dejes ir así. No tuvo el valor para mirar sus ojos nuevamente y en un momento fugaz se dirigió a la puerta de aquel túnel donde se volvía todo oscuro. Ya a lo lejos, cuando no podía ver sus ojos, detuvo el apresurado caminar para buscarlo detrás de aquellas puertas de cristal. Allí estaba, y aunque no podía ver sus ojos, su corazón le revelaba que lloraba, no con el llanto fatídico sino con aquel que sólo tu otra mitad puede sentir y percibir sin siquiera ver.
Comenzó a caer nieve, lluvia, truenos y sus ojos parecían cascadas en protesta. Lo perdí, le susurraba la conciencia, me perdió le decían los demonios dormidos.
-Volveré, son sólo dos meses.
- Sé que tienes que ir y no seré quien te detenga a algo que debes hacer- fueron sus palabras cuando le comunicó aquella tarde de primavera sobre el viaje.
Las semanas siguientes fueron un tanto arduas, pues el tema de momento a momento sin decirse salía en la conversación. No paraba de llover, aquel 10 de junio, ella jamás sería igual. Dejaba su tierra, corazón, sueños y lo dejaba a él.
- Pasajeros favor de colocarse sus cinturones, que en unos minutos comenzamos el despegue. Se aferraba a la ventanilla. Allí comenzó a ver como el azul y el verde cautivaba la mirada de aquellos turistas que compartían el mismo vuelo. Buscaba los coches y pensaba que él estaba en uno de ellos. La vista se le perdió en aquella gama fabulosa de verdes compaginados, llamado Cordillera Central.
Cuando sólo se divisaba agua, mar y el avión dirigido al norte, siempre al norte sintió que se perdía. -La volveré a ver, podré estar tan cerca de ella que incluso compartiremos el mismo respirar. De esta forma pudo controlar su llando y los turistas de piel rosada brindaron conversación en casi todo el vuelo.
No hubieron mayores complicaciones, veía como las alas del avión trapazaban las nubes. - Welcome to Baltimore... y despertó del sueño de ojos abiertos, sintiendo ser más extranjera que cualquiera que estaba a bordo.
Sus ojillos verde aceituna, no ha cambiado nada y esa sonrisa que siempre contagia la acompañaba. La abrazó y el tiempo se detuvo, el mundo dejó de girar, las manecillas se cayeron.
De camino a la casa sólo pensaba en él, cómo estará y en el ring, ring de su pronta llamada. Contestaba muy poco al interrogatorio de rutina, sólo respuestas precisas y sin detalles. Allí estaba, como jamás antes esperando una llamada telefónica. Aquella llamada jamás llegó. Comenzó a envejecer tan deprisa y sin discreción desde aquel 10 de junio. Todo se quebró aquella noche.....
- Llegó Fernando, es hora de ir al aeropuerto... despertó del sollozo, se incorporó, desde la cristalera vio por primera vez caer la nieve del invierno del 1999.
(No recuerdo la fecha de cuando lo escribí, pero ha pasado bastante tiempo)
lunes, 24 de septiembre de 2007
Tal cual
Dando un paseo, tomando aire puro, contemplando la naturaleza, mis pasos me guiaron a las orillas de un río no familiar. Sus aguas cristalinas, el sonido del murmullo provocado por el roce y choque del agua con las rocas era una melodía exquisita. Las flores silvestres, vestidas de gala, adornaban los surcos de aquel arroyo.
Me despojé de mis zapatillas y deslicé mis pies a sentir la frescura de aquellas aguas. Un movimiento sobresaltó aquella tranquilidad, un movimiento cercano. Por un instante sentí cierto temor, hasta que fue entonces que lo vi, un hermoso cervatillo se acercaba a saciarse su sed. Sonreí, pues por primera vez gozaba de la compañía de un ser tan hermoso. Pensé por un instante que mi presencia también le habría sorprendido y se iría. Para mi sorpresa allí estaba sumergiendo sus ágiles patas en el arroyo que comenzábamos a compartir. Al parecer se percató que no dejaba de mirarlo y fue cuando su mirada y la mía se encontraron. Cuanta paz había, compartíamos una armonía y descubrí el respeto de la naturaleza con cada ser.
Realmente no sé el tiempo aproximado que nuestras miradas se quedaron fijas pues parecía que el tiempo se hubiese detenido. Con su peculiar brinco cruzó hacia el otro lado del arroyo. Allí frente a mí se reposo entre un verde chispoteado de lágrimas blancas. ¿Sabía que no le haría daño? o ¿sólo se arriesgaba en un instinto poco usual?. Lo observé, tranquilo, quieto, respirando toda aquella dicha que brindaba el lugar. Emulé su acción y me deslice en aquel verde, dibujé en las nubes, respiré profundo envolviéndome en todo aquello que me rodeaba. Mis pies se hicieron los suyos y recorrí todo aquel lugar con seguridad, naturalidad y sabiendo que pertenecía a él.
Al abrir los ojos, me percaté que el tiempo no se había detenido y busqué al cervatillo a ver si todo fue un sueño, mas no lo encontré. Tomé mis zapatillas, corté dos lágrimas vivas de la orilla, las enlacé en mi cabello y me dirigí a la casa, pero una sensación extraña me hizo voltear a ver nuevamente el lugar, allí estaba haciendo con su cabeza un gesto de reverencia, saludo y complicidad. No dudé que todo fue cierto y tal cual.
martes, 18 de septiembre de 2007
Sapito en medio
Va el sapo en su recorrido buscando la charca más cercana. El hecho de imaginarse sumergido en el aquel estanque le produce
una sensación de ensueño. Se deleita pensando en la frescura de esas aguas cristalinas que le brindarán uno de sus mayores placeres.
Va el sapito en su típico brinco. Saltando, saltando, como quien va a conquistar una meta anhelada. Sigue en su trayecto y la fantasía lo embarga. Sonríe pensándose en aquel hermoso lugar que estaba a punto de alcanzar. Cierra sus saltones ojitos y en un breve instante sueña una vida junto al fenomenal estanque.
Sssssssssssssssssssn! Pshhhhh! No se dio cuenta que se aproximaba un coche y no despertó de su fantasía.
Moraleja:
1.) Los sapos no fantasean a mitad de la carretera sino terminan aplastados.
2.) Si vas a fantasear procura tener los ojos bien abiertos y no hacerlo en medio de la carretera.
3.) No sólo de fantasía viven los sapos.
4.) Ya sabes que fue lo que ocurrió, cuando en medio de un camino te topes con un sapo espachurrado, no es un sapo espachurrado simplemente fue un sapo soñador con los ojos bien cerrados.
5.) Muchos humanos tienen genes de sapo. ¿Será que salieron del sapo en vez del mono como afirmaba Darwin?
Nota: Este "post" había sido publicado en mi antiguo "blog", para aquel entonces ni lectores tenía.
*Dibujo realizado por Rocío
*Dibujo realizado por Rocío
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Cosas de nubes
Mi abuelo, sentado en el sofá alcanza a ver el cielo y dice:
"Mira esas tristes nubes"
"¿Por qué dicen que son tristes?"- pregunta mi abuela, sentada en el otro sofá.
"¿No las vez? Son chiquitas, ni agua tiene y se van rápido- contesto mi abuelo.
Grrrrrrrr... yo me quedé como patidifusa.
¿Nubes tristes?
Encones esa tarde aprendí un vocabulario nuevo, aun cuando el mismo no aparezca en el diccionario de la Real-Academia-Española [Olé].
Nubes Tristes - Nubes de tamaño diminutos [chiquitas], carentes de proporcionar un gran aguacero [sin agua] y con una velocidad feroz o ligeras al viento [veloces].
-------
Entonces recordé un dibujito que hice hace unas semanas...
Hasta un mini-cuento hice con este dibujito.
-No llores.
¿Por qué?
- Porque a la tarde le daré con acompañarte.
[En seguida se fundieron en un abrazo. Y la lluvia no se hizo esperar.]
-------
Mmmm.
"Mira esas tristes nubes"
"¿Por qué dicen que son tristes?"- pregunta mi abuela, sentada en el otro sofá.
"¿No las vez? Son chiquitas, ni agua tiene y se van rápido- contesto mi abuelo.
Grrrrrrrr... yo me quedé como patidifusa.
¿Nubes tristes?
Encones esa tarde aprendí un vocabulario nuevo, aun cuando el mismo no aparezca en el diccionario de la Real-Academia-Española [Olé].
Nubes Tristes - Nubes de tamaño diminutos [chiquitas], carentes de proporcionar un gran aguacero [sin agua] y con una velocidad feroz o ligeras al viento [veloces].
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Entonces recordé un dibujito que hice hace unas semanas...
Hasta un mini-cuento hice con este dibujito.
-No llores.
¿Por qué?
- Porque a la tarde le daré con acompañarte.
[En seguida se fundieron en un abrazo. Y la lluvia no se hizo esperar.]
-------
Mmmm.
Mis nubes no fueron nubes-tristes... no concuerdan con la definición de mi abuelo. Veo entonces que esa vena artística, "dibujante-de-5-años-poco-comprendida", va enlazada con la genética de mi pa', que sí sabe dibujar.., y con las definiciones incomprendidas de mi abuelo que nunca aparecerán en el FAMOSO diccionario de la RAE.
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