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sábado, 22 de febrero de 2014

Poema: Donde comienzas tú / Julia de Burgos


Soy ola de abandono,
derribada, tendida,
sobre un inmenso azul de sueños y de alas.

Tú danzas por el agua redonda de mis ojos
con la canción más fresca colgando de tus labios.
¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte
por mis brazos mojados,
y no quiero perderte ni en la sílaba!

Yo fui un día la gaviota más ave de tu vida.
(Mis pasos fueron siempre enigma de los pájaros.)

Yo fui un día la más honda de tus edades íntimas
(El universo entero cruzaba por mis manos.)

¡Oh día de sueño y ola...!
Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron.

Y pasó la mañana,
y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio,
y pasó la alba noche resbalando en los astros,
y pasó la extasiada juventud de la aurora
exhibiéndose en pétalos
y paso mi letargo...

Recuerdo que al mirarme con la voz derrotada,
las dos manos del cielo me cerraron los párpados.

Fue tan sólo una ráfaga,
una ráfaga húmeda que corto mi sonrisa
me izó en los crepúsculos entre caras de espanto.

Tú nadabas mis olas retardadas e inútiles,
por poco me parto de dolor esperando...

Pero llegaste, fértil,
más intacto y más blanco.
me llevaste, épico,
venciéndote en ti mismo los caminos cerrados.

Hoy anda mi caricia
derribada, tendida,
sobre un inmenso azul de sueños con mañana.

Soy ola de abandono,
tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas.

¡Amante, la ternura desgaja mis sentidos...
o misma soy un sueño remando por tus aguas!


Julia de Burgos 

Poema: Agua, tierra y vida / Julia de Burgos


Yo fui estallido fuerte de la selva y el río,
y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas.
De un lado me estiraban las manos de las aguas,
y del otro, prendíanme sus raíces las sierras.

Cuando mi río subía su caricia silvestre
en aventuras locas con el rocío y la niebla,
con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño,
lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras.

Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos,
me repetía en sus aguas hasta dar en la arena,
y era mi grito nuevo como un tajo en el monte
que anegaba las calles y golpeaba las puertas.

A veces la montaña se me vestía de flores
e iniciaba en mi talle curvas de primavera.

Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años
sobre senos y muslos y caderas de piedra!

Se treparon mis ojos al rostro de los árboles
y fueron mariposas sus vivas compañeras:
así es como en los prados voy buscando las flores,
y alas pido en las almas que a mi vida se acercan.

Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos,
y juraron ser índices de mis futuras vueltas;

por eso entre los cuerpos doblados de los hombres,
como puntales puros de orientación se elevan.

Yo fui estallido fuerte de la sierra y el río,
y crecí amando el río e imitando la sierra...

Una mañana el aire me sorprendió en el llano:
ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas!
Pálidas ceremonias saludaron mi vida,
y una fila de voces reclamaron la prenda...

Mis labios continuaron el rumor de las fuentes
donde entrañé mis años y abastecí las venas.
De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje,
se tiende por el mundo como la dio la tierra!


Julia de Burgos 

jueves, 20 de febrero de 2014

Poema: Nada / Julia de Burgos


Como la vida es nada en tu filosofía,
brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.

Brindemos por la nada de tus sensuales labios
que son ceros sensuales en tus azules besos;
como todo azul, quimérica mentira
de los blandos océanos y de los blancos cielos.

Brindemos por la nada del material reclamo
que se hunde y se levanta en tu carnal deseo;
como todo lo carne, relámpago, chispazo,
en la verdad mentira sin fin del Universo.

Brindemos por la nada, bien nada de tu alma,
que corre su mentira en un potro sin freno;
como todo lo nada, buen nada, ni siquiera
se asoma de repente en un breve destello.

Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno;
por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos;
por todos, por los menos; por tantos y tan nada;
por esas sombras huecas de vivos que son muertos.

Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos,
nada entre nada y nada, cero entre cero y cero,
y si entre nada y nada no puede existir nada,
brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.




Julia de Burgos 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Poema: Ya no es mío mi amor / Julia de Burgos


Si mi amor es así, como un torrente,
como un río crecido en plena tempestad,
como un lirio prendiendo raíces en el viento,
como una lluvia íntima,
sin nubes y sin mar...

Si mi amor es de agua,
¿por qué a rumbos inmóviles lo pretenden atar?
Si mi amor rompe suelos,
disuelve la distancia como la claridad,
ataja mariposas al igual que luceros,
y cabalga horizontes como cruza un rosal...
Si el universo es átomo siguiéndome las alas,
¿por qué medirme el trino cuando rompe a cantar?
Si mi amor ya no es mío,
es yo misma borrando las riberas del mar,
yo inevitablemente y fatalmente mía,
germinándome el alma en mis albas de paz...
Si mi amor ya no roza fronteras con mi espíritu,
¡qué canción sin su vida puede ser en mi faz?
¡Si mi amor ya no es mío!
Es tonada de espumas en los labios del mar...


Julia de Burgos 

martes, 18 de febrero de 2014

Poema: Dadme mi número / Julia de Burgos


¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman?
¿Me han olvidado entre las yerbas,
mis camaradas más sencillos,
todos los muertos de la tierra?

¿Por qué no suenan sus campanas?
Ya para el salto estoy dispuesta.
¿Acaso quieren más cadáveres
de sueños muertos de inocencia?

¿Acaso quieren más escombros
de más goteadas primaveras,
más ojos secos en las nubes,
más rostro herido en las tormentas?

¿Quieren el féretro del viento
agazapado entre mis greñas?
¿Quieren el ansia del arroyo,
muerta en mi mente de poeta?

¿Quieren el sol desmantelado,
ya consumido en mis arterias?
¿Quieren la sombra de mi sombra,
donde no quede ni una estrella?

Casi no puedo con el mundo
que azota entero mi conciencia...

¡Dadme mi número! No quiero
que hasta el amor se me desprenda...
(Unido sueño que me sigue
como a mis pasos va la huella.)

¡Dadme mi número, porque si no,
me moriré después de muerta!



Julia de Burgos 

lunes, 17 de febrero de 2014

Poema: Íntima / Julia de Burgos

Íntima

Se recogió la vida para verme pasar
 Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma.

Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
que se abría en mi interior,
y me llegué hasta mí, íntima.

Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
y me hice paisaje lejos de mi visión.

Me conocí mensaje lejos de la palabra.
Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas.
Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra
                                                                   desde el hombre.

                                    * * * *

Ha sonado un reloj la hora escogida de todos.
¿La hora? Cualquiera. Todas en una misma.
Las cosas circundantes reconquistan color y forma.
Los hombres se mueven ajenos a sí mismos
para agarrar ese minuto índice
que los conduce por varias direcciones estáticas.

Siempre la misma carne apretándose muda a lo ya hecho.
Me busco. Estoy aún en el paisaje lejos de mi visión.
Sigo siendo mensaje lejos de la palabra.

La forma que se aleja y que fue mía un instante
me ha dejado íntima.
Y me veo claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra
                                                                   desde el hombre.


Julia de Burgos 

lunes, 10 de febrero de 2014

Poema: En la brecha / Mariano Riera Palmer


¡ Aquí estoy, en la brecha! Nadie intente
que ceje una pulgada en mi camino:
no doblo ante los déspotas la frente,
ni tiemblo ante los golpes del destino.

Y nunca me veréis ante el soborno
Cual vencido que rinde su homenaje;
No quiero la maldad en mi contorno,
Ni el poder me seduce con su traje.

Con todo cuanto el bien exhibe escrito
Mi espíritu en el mundo se recrea,
Y se envuelve en la luz de lo infinito
Con el ropaje augusto de la idea.

Si el reptil en sus giros por el suelo
De su baba espumosa deja rastros,
Como águila caudal dirijo el vuelo
A la región serena de los astros.

No temo a la calumnia ni a la envidia,
Y al cobarde malvado tengo pena:
Las torres que levanta la perfidia
Se deshacen lo mismo que la arena.

De la pasión no temo a los pantanos,
Aunque en ellos germine la impostura;
Lo mismo que el diamante son mis manos
Y el lodo no mancilla su blancura.

El arrastrar un fardo de miseria
bien poco importa a la existencia mía:
mi culto no se rinde a la materia,
ni es mi altar miserable hipocresía.

No envidio la grandeza ni la Gloria;
Tributo admiración a la grandeza,
Y de la Gloria canto la Victoria
Con el astro inmortal de la nobleza.

No desprecio al humilde : él es mi hermano,
Mas al servil y al opresor fustigo;
A todo el que me acepta doy la mano
Y bien por mal devuelvo al enemigo.

El odio mi conciencia no ha manchado;
Que en mi pecho no prende esa semilla,
Y ante el dios del deber tengo inclinado
El corazón, la frente y la rodilla.

En la lucha feroz que las pasiones
Sostienen con mi ser a cada instante,
Aunque rudas me embisten cual leones,
Las destroza mi aliento de gigante.

Y cuando el triunfo logro en la contienda
Y coronan mi frente los laureles,
Los consagro gustoso como ofrenda
A los hombres que al bien han sido fieles.

Es mi lema el amor; el bien mi guía
Admiro las virtudes y el talento
Que alumbra como el sol a medio día
El espacio sin fin del pensamiento.

Para colmar mi anhelo yo quisiera
Ver de los parias la coyunda rota:
Si a conseguirlo suficiente fuera,
Yo trocara en mil dardos cada nota.

Si hay quien intente en el oprobio hundirme
El perdón le prodigo a manos llenas,
Y de calma procuro revestirme,
Trocando en miel la sangre de mis venas.

Admito como dogma verdadero
De la Razón el inefable arrullo,
Que la virtud empieza en el lindero
Donde acaba el dominio del orgullo.

El estruendo del mundo y sus placeres
Arriban vagamente a mis oídos,
Y el concierto gentil de los deberes
Proporciona a mi ser gratos sonidos.

En defensa del débil presto acudo;
De dignidad fabrico una trinchera;
La justicia es mi espada, el bien mi escudo
Y la virtud me sirve de bandera.

Con la fe y el trabajo el hombre alcanza
Todo cuanto de Dios recibe el beso:
La luz de la Concordia y la bonanza,
El sol de redención y de progreso.

¡Y así estoy en la brecha!¡Nadie intente
que ceje una pulgada en mi camino:
no doblo ante los déspotas la frente,
ni tiemblo ante los golpes del destino!











lunes, 7 de octubre de 2013

Poema: Paréntesis


Dichoso aquel que no ha visto
más río que el de su patria.

Tras diez años de luchas incesantes
quiero vagar, como antes,
junto a la margen del humilde río
que tantas veces ofreció a mis penas
la paz de sus arenas
y la quietud de su ribazo umbrío.

Corren aquí cual líquidos cristales,
otras ninfas iguales
a las que vi correr hora por hora;
en ese murmullo lánguido y doliente,
el espíritu siente
toda una juventud que pasa y llora.

Yergue sus ramas el laurel añejo
en el móvil espejo
de las aguas refleja su verdura
Y los cactus de flores amarillas
ocultan las orillas
a modo de silvestre colgadura.

De las cercanas frondas en un hueco
se esconde el tronco seco
en que, al rumor de la corriente leda,
daban impulso a mi ambición temprana
las odas de Quintana
y los nerviosos cantos de Espronceda.

Nada se altera en el rincón querido;
hasta el leve ruido
que mis ensueños arrulló, persiste:
es el mismo paisaje, no varía;
lo encuentro como el día
en que le dije adiós convulso y triste.

En cambio, de mí propio, ¿qué me resta?
al subir la agria cuesta
rodó de mis quimeras el bagaje,
y, aunque huello con ímpetu el camino,
errante beduino,
tardo en llegar al término del viaje.

Arriba, lo ideal, foco de lumbre
que irradía en la alta cumbre
sobre los mundos su calor eterno;
abajo, lo real: nébula oscura
que tiene la negrura
de la noche y los fríos del invierno.

Y en la pendiente yo; fuerza que avanza;
voluntad que se lanza;
alma que busca la verdad perdida
y se sumerge en la penumbra densa
para sentir la intensa
vibración del esfuerzo y de la vida.

¿A dónde voy? Que el porvenir responda.
La sima es negra y honda;
pero es la abrupta cima ingente y clara.
Soy de los que en la liza perseveran,
y sin temblar esperan
la gloria o el peligro cara a cara.

Mi musa altiva que al placer rehusa,
fué la trágica musa
contra todos los dogmas insurrecta:
armada con el yambo deslumbrante
marchó siempre adelante
y, entre cien líneas, eligió la recta.

Nunca en el lodo de pasiones malas
mi inspiración sus alas
quiso plegar; en la batalla ruda
un triple empuje a confortarme viene:
mi aliento me sostiene;
mi fé me salva; mi intención me escuda.

Entre tanto aquí están mi soto umbrío;
la margen de mi río;
el tronco entre la fronda abandonado;
el laurel verdinegro y la corriente
que surgen de repente
como imágenes vivas del pasado.

Cuando ansío la calma y el reposo
y, al azar, silencioso,
en esta muda soledad me pierdo
sin que el bullicio mundanal me estorbe,
¡cómo mi ser absorbe
el balsámico aroma del recuerdo!

Mis creencias, mis dudas, mis amores;
las no olvidadas flores
que fuí dejando en pos, lacias y mustias;
las tumultosas esperanzas mías;
mis locas alegrías
y el inmenso caudal de mis angustias;
algo que dura en mi caduca historia,
que puebla la memoria
y evoco a veces, si en tristeza vivo,
para que agite mi organismo inquieto
con su influjo secreto
a manera de suave reactivo.

¡Adiós orilla plácida y amena
en cuya paz serena
respiro de otro ambiente la frescura!
¡Adiós remanso que en tu fondo guardas
las visiones gallardas
de mi primera edad dichosa y pura!

Vuelvo a buscar más anchos horizontes:
la cuenca de tus montes
me oprime como un cerco de granito;
vuelvo a encontrar más amplias perspectivas:
tus ondas fugitivas
no sacian ya mi sed de lo infinito.

La vejez llega: la existencia es corta.
Si mi destino aborta
y torno a demandar calma y olvido,
¿reservarás en tus riberas pías
el sitio que solías
a la altivez estoica del vencido?

No caeré; mas si caigo, entre el estruendo
rodaré bendiciendo
la causa en que fundí mi vida entera;
vuelta siempre la faz a mi pasado
y como buen soldado
envuelto en un jirón de mi bandera.




Luis Muñoz Rivera

jueves, 19 de septiembre de 2013

Olga Nolla: Cierto y falso (poema)

Cierto y falso
(Del poemario El sombrero de plata, 1976)

Mi madre daba fiestas espléndidas
para los matrimonios elegantes de Mayagüez, cierto.
Mi madre disfrutaba de estos cócteles, falso.
Mi madre hubiera querido ser actriz.
Cierto, cierto.
Recitaba sus poemas de espumas y pétalos
frente a los invitados.
Le gustaba el halago y el aplauso.
Su público reía bebiéndose el champán y el ron
de su despensa.
Su público, borracho,
hablaba de negocios y de viajes al extranjero.
Mejor dicho,
los hombres hablaban de negocios;
las mujeres, aparte, de trajes y sirvientas.
Mi madre tenía buenas amigas;
nada tan falso, falso.
Mi madre dispersaba sus versos de alegría
y adentro le crecía, llorosa, una nostalgia.
Mi madre era feliz.
Cierto, cierto.
No, falso.
Mi madre era un vacío que huía de su sombra.
Mi madre no sabía que era infeliz, lo dudo,
Mi madre me quería.
Cierto, cierto, muy cierto;
todavía me empuja la tabla del columpio.
Mi madre daba fiestas, pero otras fiestas y especiales
para los amigos norteamericanos de mi padre.
Cierto, cierto.
Mi padre desdeñaba la alta burguesía puertorriqueña.
¿Falso?¿Cierto?..., no sé, era distinto de ellos,
no bebía ron ni wiski, no entendía de negocios.
Mi padre sabía cultivar la tierra
y curar las heridas de los árboles de naranja.
Le daba vitaminas y abono a las cosechas.
Los retoños de la caña de azúcar
aplaudían de gozo cuando él entraba al campo.
Mi padre prefería los norteamericanos, cierto, cierto.
¡Admiraba las sanas, honestísimas costumbres
de los altos rubios miembros de la comunidad científica
que trabajaba la estación experimental agrícola!
Mi padre
como creía lo que decían los periódicos,
pensaba que los norteamericanos eran la gente mejor del mundo.
Mi madre se aburría de muerte
en los grandes banquetes con que obsequiaba a los gringos
y bostezaba hacia adentro
al escuchar las bromas de los comenzales.
Mi madre no comprendía cómo
algunos llevaban hasta diez años en Puerto Rico
y aún no hablaban español.
A nadie se le ocurría criticarlos,
pero era vergonzoso, socialmente,
que un puertorriqueño no hablara inglés.
Mi madre se levantó un día
y acusó a los norteamericanos
de habernos colonizado sicológicamente,
falso, falso.
Mi madre se tragó su rabia
y nunca protestó.
Siguió dando las mismas fiestas
para que los burgueses puertorriqueños se emborracharan
y las mismas fiestas
para que los norteamericanos probaran comida nativa.
Mi madre una noche envenenó a los amigos de mi padre.
Falso, falso,
no se atrevió.
Mi padre
envejeció creyendo que para mi madre también
los norteamericanos eran la gente mejor del mundo.
Mi madre envejeció
fabricando versos con torres de espuma y ríos de pétalos.
Por suerte,
olvidaron bajarme del columpio.

sábado, 31 de agosto de 2013

Olga Nolla: Por eso escribo de los hombres

Escribir un poema se parece a raspar
la piel del cuerpo de la vida;
se parece a escarbar entre sus órganos,
sus venas y tripas,
a hundir la pala hondo, bien hondo,
como si dentro, muy dentro de sus huesos,
estuviera el secreto.
Escribir un poema es siempre una pregunta
que busca una respuesta.
Por eso busco de los hombres, busco
llegar a los cimientos que sostienen
la manera en que piensan,
aquella forma peculiar que tienen
de organizar las cosas.
Busco horadar fachadas,
ir detrás de las máscaras y otros escudos.
Detrás de sus bravatas grandilocuentes
he observado que los hombres sufren mucho
cuando son incapaces de ser héroes,
cuando no son valientes supermachos superjodones
que de un puño derriban a quien les lleva la contraria.
Sienten tanto terror a no ser machos
que no logran quitarse esa máscara
y ver su propio rostro.
Sus gestos, sus palabras
son fachadas, corazas
a menudo delgadísimas.
Se ve a través de ellas cual si fueran
velos de gasa.
Las más de las veces se trata de hombres delicados
que huyen del dolor.
A menudo son hombres incapaces de amar
porque temen ser débiles;
o porque son muy débiles.
Y sufren.
Al escribir el poema
tanteo con los dedos en sus vísceras
y palpo la dureza de sus huesos.
En sus cabezas el guerrero se monta en un caballo
y con lanza en ristre
se precipita sobre sus enemigos.
Pero sufren, y para defenderse ríen a carcajadas
y su risa degrada
al prójimo, al gobierno, a las mujeres.
Se sienten tan poca cosa en el fondo que tienen que degradarlo todo
para sentir que valen algo.
Ellos sufren, insisto.
Detrás de aquellas burlas compensatorias
hay una soledad sin horizontes.
El poema llega hasta aquí.
No dispongo de pico ni taladro.
Además,
adentro de los huesos no me atrevo a entrar.
Es muy oscuro.
Los gemidos del viento perforan los barrancos.
Se parece al infierno
y Virgilio no está para guiarme.


              Olga Nolla 
Puerto Rico 

domingo, 4 de agosto de 2013

Pedro Mir : Hay un país en el mundo

Hay un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol.
Oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.

Sencillamente
liviano,
como un ala de murciélago
apoyado en la brisa.

Sencillamente
claro,
como el rastro del beso en las solteronas antiguas
o el día en los tejados.

Sencillamente
frutal. Fluvial. Y material. Y sin embargo
sencillamente tórrido y pateado
como una adolescente en las caderas.

Sencillamente triste y oprimido.

Sencillamente agreste y despoblado

En verdad.
Con tres millones
suma de la vida
y entre tanto
cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa bahía y otra inmensa bahía,
tres penínsulas con islas adyacentes
y un asombro de ríos verticales
y tierra bajo los árboles y tierra
bajo los ríos y en la falda del monte
y al pie de la colina y detrás del horizonte
y tierra desde el canto de los gallos
y tierra bajo el galope de los caballos
y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor
y debajo de todas las huellas y en medio del amor.

Entonces
es lo que he declarado.

Hay
un país en el mundo
sencillamente agreste y despoblado.

Algún amor creerá
que en este fluvial país en que la tierra brota,
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde el día tiene su triunfo verdadero,
irán los campesinos con asombro y apero
a cultivar
cantando
su franja propietaria.

Este amor
quebrará su inocencia solitaria.
Pero no.

Y creerá
que en medio de esta tierra recrecida,
donde quiera, donde ruedan montañas por los valles
como frescas monedas azules, donde duerme
un bosque en cada flor y en cada flor la vida,
irán los campesinos por la loma dormida
a gozar
forcejeando
con su propia cosecha.

Este amor
doblará su luminosa flecha.
Pero no.
Y creerá
de donde el viento asalta el íntimo terrón
y lo convierte en tropas de cumbres y praderas,
donde cada colina parece un corazón,
en cada campesino irán las primaveras cantando
entre los surcos
su propiedad.

Este amor
alcanzará su floreciente edad.
Pero no.

Hay
un país en el mundo
donde un campesino breve,
seco y agrio
muere y muerde
descalzo
su polvo derruido,
y la tierra no alcanza para su bronca muerte.

¡Oídlo bien! No alcanza para quedar dormido.
Es un país pequeño y agredido. Sencillamente triste,
triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije:
sencillamente triste y oprimido.

Procedente del fondo de la noche
vengo a hablar de un país.
Precisamente
pobre de población.
Pero
no es eso solamente.
Natural de la noche soy producto de un viaje.
Dadme tiempo
coraje
para hacer la canción.

Plumón de nido nivel de luna
salud del oro guitarra abierta
final de viaje donde una isla
los campesinos no tienen tierra.

Decid al viento los apellidos
de los ladrones y las cavernas
y abrid los ojos donde un desastre
los campesinos no tienen tierra.

El aire brusco de un breve puño
que se detiene junto a una piedra
abre una herida donde unos ojos
los campesinos no tienen tierra.

Los que la roban no tienen ángeles
no tienen órbita entre las piernas
no tienen sexo donde una patria
los campesinos no tienen tierra.

No tienen paz entre las pestañas
no tienen tierra no tienen tierra.

.......

Miro un brusco tropel de raíles
son del ingenio
sus soportes de verde aborigen
son del ingenio
y las mansas montañas de origen
son del ingenio
y la caña y la yerba y el mimbre
son del ingenio
y los muelles y el agua y el liquen
son del ingenio
y el camino y sus dos cicatrices
son del ingenio
y los pueblos pequeños y vírgenes
son del ingenio.

Es verdad que en el tránsito del río,
cordilleras de miel, desfiladeros
de azúcar y cristales marineros
disfrutan de un metálico albedrío,
y que al pie del esfuerzo solidario
aparece el instinto proletario.

Pero ebrio de orégano y de anís,
y mártir de los tórridos paisajes
hay un hombre de pie en los engranajes.
Desterrado en su tierra. y un país,
en el mundo,
fragrante,
colocado
en el mismo trayecto de la guerra.
Traficante de tierras y sin tierra.
Material. Matinal. Y desterrado.

.......

Quiero ver su amargura necesaria
donde el hombre y la res y el surco duermen
y adelgazan los sueños en el germen
de quietud que eterniza la plegaria.

Donde un ángel respira.
donde arde
una súplica pálida y secreta
y siguiendo el carril de la carrera
un boyero se extingue con la tarde.

Después
no quiero más que paz.
Un nido
de constructiva paz en cada palma.
Y quizás a propósito del alma
el enjambre de besos
y el olvido.

viernes, 14 de junio de 2013

Tristes Sucesos

Si Nueva York, reluce como el oro, y hay edificios con quinientos bares, 

Aquí dejaré escrito que se hicieron con el sudor de los cañaverales. 

El bananal es un infierno verde, para que en Nueva York beban y bailen. 

Y cuando, a cinco mil metros de altura, van los chilenos escupiendo sangre, para mandar el cobre a Nueva York, 

Los bolivianos se desploman de hambre, arañando las cuevas del estaño, Rompiendo las paredes de los Andes, 

El Orinoco, desde sus raíces, en el lodo desgrana sus diamantes, 

Por tierra panameña que robaron, por aguas que robaron, van las naves. 

A Nueva York, con el petróleo nuestro, con los arrebatados minerales que con gran reverencia les entregan nuestros condecorados gobernantes. 

El azúcar levanta las paredes, 

El nitrato de Chile, las ciudades, 

El café de Brasil compra las camas, 

El Paraguay les da universidades, 

De Colombia reciben esmeraldas, 

De Puerto Rico sus batalles salen, 

Los soldados de aquel pueblo "asociados" (de esta manera singular combate) 

Los norteamericanos dan las armas, y los portorriqueños dan su sangre.

miércoles, 5 de junio de 2013

Poema: Me celebro y me canto a mí mismo


Me celebro y me canto a mí mismo. 
Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir, 
Pues cada átomo mío es también tuyo. 
Vago al azar e invito a vagar a mi alma. 
Vago y me tumbo sobre la tierra, 
Para contemplar un tallo de hierba. 
Mi lengua, cada molécula de mi sangre formada por esta tierra y este aire. 
Nacido aquí de padres cuyos padres nacieron aquí y 
Cuyos padres también aquí nacieron. 
A los treita y siete años de edad, gozando de perfecta salud, 
Comienzo y espero no detenerme hasta morir. 
Que se callen los credos y las escuelas, 
Que retrocedan un momento, conscientes de lo que son y 
Sin olvidarlo nunca. 
Me brindo al bien y al mal, me permito hablar hasta correr peligro. 
Naturaleza sin freno, original energía.

-Walt Whitman

viernes, 18 de enero de 2013

José Riu Teixeira



I

Háblame secretamente de las magnolias, del modo
cómo caen los pétalos sobre la tierra los últimos días.
Los que no saben de la súbita blandura de las mañanas,
recogen silenciosamente fragmentos de la luz de marzo.
Pero tú nunca caminas sobre el trigo, ni asistes
a la devastación de un amor mayor que la muerte.
Derramarás tu sangre en la tierra incendiada,
para que lloren las flores el ineludible desenlace del invierno.


II

Me detengo en los silencios descosidos
de tu ropa interior, en la extrema soledad
que anochece la tundra contra el hambre
esférica en el cielo de la boca o lenguas de fuego
sobre nuestras cabezas.
Serás como el fin del mundo en una caja
a los pies de la cama o la suspensión
demorada en el crepitar de las ausencias.


III

Mi madre retenía en las manos la aterradora
exactitud de la muerte. Durante años la guardó
como una lámina sobre el corazón.
Un día, un gato escatológico deletreó su
nombre. Creí que fuera Dios. Cerré las manos
contra los higos con miedo del invierno.


IV

Los que van a morir traen el fuego
en la extremidad de las palabras, posan
la boca en el suelo sobre la propia sangre,
la noche por dentro de los huesos.
Los que van a morir traen canciones
como aves azules en los hombros
de las viudas, dan los hijos a las mesetas
en el otoño y viven bajo el cielo.
Miran la escasez a través de muchas escotillas.


V

Yo nací años después, ya habían muerto
muchos de aquellos que más tarde vendría a amar.
Con la cabeza en llamas y la boca
demoradamente expuesta, deletreé tu nombre,
con el cuerpo caído y una elegía desmayada
en el esófago, y frutos secos en el lugar de los ojos.


VI

Las casas son cosas que se piensan contra las paredes.
Un día alguien muere apresuradamente y las referencias
estructurales de la memoria son elementos geométricos
y decorativos en el interior de las casas, impresos
en los fragmentos de luz. Y el amor cabe dentro de la muerte
como puñados de tierra en manos cerradas.


VII

Observaba conmovido la multiplicación de los panes,
al modo asombrado como los viejos
atravesaban las carreteras, a la densidad anatómica
del cardumen de arenques. Me detenía
en las ruinas con las manos desmayadas
sobre la superficie de una secreta labor.
Casualmente, presentía la muerte,
recogía su silencio y devolvía el resto
a la tierra, en el soplo que desliza próximo al suelo
como un secreto que precede al incendio.



Encontrado en Gente Emergente en su entrada José Rui Teixeira (Poesía bilingüe)

martes, 6 de mayo de 2008

Valle de Collores

Cuando salí de Collores,
fue en una jaquita baya
por un sendero entre mayas
arropás de cundiamores.
Adiós, malezas y flores
de la barranca del río,
y mis noches del bohío,
y aquella apacible calma,
y los viejos de mi alma,
y los hermanitos míos.

Qué pena la que sentía,
cuando hacia atrás yo miraba,
y una casa se alejaba,
y esa casa era la mía.
La última vez que volvía
los ojos, vi el blanco vuelo
de aquel maternal pañuelo
empapado con el zumo
del dolor. Más allá, humo
esfumándose en el cielo.


La campestre floración
era triste, opaca, mustia.
Y todo, como una angustia,
me apretaba el corazón.
La jaca, a su discreción,
iba a paso perezoso.
Zumbaba el viento, oloroso
a madreselvas y a pinos.
Y las ceibas del camino
parecían sauces llorosos.

No recuerdo cómo fue
(aquí la memoria pierdo).
Mas en mi oro de recuerdos,
recuerdo que al fin llegué:
la urbe, el teatro, el café,
la plaza, el parque, la acera...
Y en una novia hechicera,
hallé el ramaje encendido,
donde colgué el primer nido
de mi primera quimera.

Después, en pos de ideales.
Entonces, me hirió la envidia.
Y la calumnia y la insidia
y el odio de los mortales.
Y urdiendo sueños triunfales,
vi otra vez el blanco vuelo
de aquel maternal pañuelo
empapado con el zumo
del dolor. Lo demás, humo
esfumándose en el cielo.

Ay, la gloria es sueño vano.
Y el placer, tan sólo viento.
Y la riqueza, tormento.
Y el poder, hosco gusano.
Ay, si estuviera en mis manos
borrar mis triunfos mayores,
y a mi bohío de Collores
volver en la jaca baya
por el sendero entre mayas
arropás de cundiamores.

Luis Lloréns Torres

martes, 11 de marzo de 2008

Oubao-Moin

El río de Corozal, el de la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El Río Manatuabón tiene la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El rio Cibuco escribe su nombre con letra dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
Allí se inventó un criadero. Allí el quinto se pagaba.
La tierra era de oro. La tierra está ensangrentada.
En donde hundió la arboleda su raíz en tierra dorada,
allí las ramas chorrean sangre. La arboleda está ensangrentada.
Donde dobló la frente india, bien sea tierra, bien sea agua,
bajo el peso de la cadena, entre los hierros de la ergástula,
allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada.
Donde el negro quebró sus hombros, bien sea tierra o sea agua,
y su cuerpo marcó el carimbo y abrió el látigo su espalda,
allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada.
Donde el blanco pobre ha sufrido los horrores de la peonada,
bajo el machete del mayoral y la libreta de jornada
y el abuso del señorito, allí sea tierra o allí sea agua,
allí la tierra está maldita y corre el agua envenenada.

Gloria a esas manos aborígenes porque trabajaban.
Gloria a esas manos negras porque trabajaban.
Gloria a esas manos blancas porque trabajaban.
De entre esas manos indias, negras, blancas,
de entre esas manos nos salió la patria.
Gloria a las manos que la mina excavaran.
Gloria a las manos que el ganado cuidaran.
Gloria a las manos que el tabaco, que la caña y el café sembraran.
Gloria a las manos que los pastos talaran.
Gloria a las manos que los bosques clarearan.
Gloria a las manos que los ríos y los caños y los mares bogaran.
Gloria a las manos que los caminos trabajaran.
Gloria a las manos que las casas levantaran.
Gloria a las manos que las ruedas giraran.
Gloria a las manos que las carreteras y los coches llevaran.
Gloria a las manos que las mulas y caballos ensillaran y desensillaran.
Gloria a las manos que los hatos de cabras pastaran.
Gloria a las manos que cuidaron de las piaras.
Gloria a las manos que las gallinas, los pavos y los patos criaran.
Gloria a todas las manos de todos los hombres y mujeres que trabajaron.
Porque ellas la patria amasaran.
Y gloria a las manos, a todas las manos que hoy trabajan
porque ellas constuyen y saldrá de ellas la nueva patria liberada.
¡La patria de todas las manos que trabajan!
Para ellas y para su patria, ¡Alabanza!, ¡Alabanza!


*Juan Antonio Corretjer

martes, 19 de febrero de 2008

Una pregunta


Sol espléndido y radiante
en la ancha esfera sujeto;
no te pregunto el secreto
de tu esplendor rutilante.

Ni por qué, nube distante
tiñes de ópalo y rubí;
pero perdóname si
te pregunto en mi querella,
¿si estará pensando en mí
como estoy pensando en ella?

Luna, brillante topacio
que, entre nebuloso tul,
cruzas la techumbre azul
de las alas del espacio.

Si se fijaron despacio
sus bellos ojos en ti,
y si la miraste, di
si estaba doliente y bella,
si estaba pensando en mí
como estoy pensando en ella.

Mar inmenso que te agitas
sobre tu lecho de arena,
y que ora en bonanza plena
tus olas no precipitas;

tú que bañas las benditas
riberas donde viví,
los sitios donde la vi
tan pura, tan dulce y bella,
responde, si piensa en mí,
como estoy pensando en ella.

Brisa, que acaso pasando
jugaste con sus cabellos,
tú que besaste su cuello
su mejilla acariciando,

Y que luego murmurando
te fuiste lejos de allí,
si eres la misma que aquí
pasas sin marcar tu huella,
responde, si piensa en mí,
como estoy pensando en ella.

Noche apacible y serena
por más que te cause enojos,
que sean más bellos sus ojos
y más negra su melena,

Presta un consuelo a mi pena
ya que sufriendo viví,
y pues no llega hasta aquí
el resplandor de esa estrella,
responde, si piensa en mí,
como estoy pensando en ella.

Nubes que en blanco celaje
bordáis el manto del cielo,
cual aves que alzan el vuelo
sobre el inmenso paisaje,

decidme si en vuestro viaje
lejos, muy lejos de aquí,
llegasteis a verla, y si
respondéis a mi querella,
si estaba pensando en mí,
como estoy pensando en ella.

Sol y luna, mar y viento,
nubes y noche, ayudadme,
y en vuestro idioma contadme
si es mío su pensamiento;

si es igual su sentimiento
a este que mi pecho hiere,
decid si mi amor prefiere
a la calma que perdió;
¡decidme, en fin, si me quiere
lo mismo que la amo yo!

José Gautier Benítez

sábado, 8 de diciembre de 2007

Mar Caribe

Desde mi verdinegra serranía
hoy vengo a ti, Caribe soñoliento,
ansioso que me bese el pensamiento
tu boca de limón y travesía.
Una aventura de piratería
corre la nube por tu barlovento,
y ya, a bandera desplegada, lento,
borra el sol tu poniente de sandía.
¡Oh, mundo azul de espuma y claridades.
Esa impávida estrella que ha nacido
de tu líquida frente y las edades
de ignorantes ayeres conocido,
Bayoán domador de tempestades,
no sabes de la muerte ni el olvido!

Oubao-Moin

El río de Corozal, el de la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El Río Manatuabón tiene la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El rio Cibuco escribe su nombre con letra dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
Allí se inventó un criadero. Allí el quinto se pagaba.
La tierra era de oro. La tierra está ensangrentada.
En donde hundió la arboleda su raíz en tierra dorada,
allí las ramas chorrean sangre. La arboleda está ensangrentada.
Donde dobló la frente india, bien sea tierra, bien sea agua,
bajo el peso de la cadena, entre los hierros de la ergástula,
allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada.
Donde el negro quebró sus hombros, bien sea tierra o sea agua,
y su cuerpo marcó el carimbo y abrió el látigo su espalda,
allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada.
Donde el blanco pobre ha sufrido los horrores de la peonada,
bajo el machete del mayoral y la libreta de jornada
y el abuso del señorito, allí sea tierra o allí sea agua,
allí la tierra está maldita y corre el agua envenenada.

Gloria a esas manos aborígenes porque trabajaban.
Gloria a esas manos negras porque trabajaban.
Gloria a esas manos blancas porque trabajaban.
De entre esas manos indias, negras, blancas,
de entre esas manos nos salió la patria.
Gloria a las manos que la mina excavaran.
Gloria a las manos que el ganado cuidaran.
Gloria a las manos que el tabaco, que la caña y el café sembraran.
Gloria a las manos que los pastos talaran.
Gloria a las manos que los bosques clarearan.
Gloria a las manos que los ríos y los caños y los mares bogaran.
Gloria a las manos que los caminos trabajaran.
Gloria a las manos que las casas levantaran.
Gloria a las manos que las ruedas giraran.
Gloria a las manos que las carreteras y los coches llevaran.
Gloria a las manos que las mulas y caballos ensillaran y desensillaran.
Gloria a las manos que los hatos de cabras pastaran.
Gloria a las manos que cuidaron de las piaras.
Gloria a las manos que las gallinas, los pavos y los patos criaran.
Gloria a todas las manos de todos los hombres y mujeres que trabajaron.
Porque ellas la patria amasaran.
Y gloria a las manos, a todas las manos que hoy trabajan
porque ellas construyen y saldrá de ellas la nueva patria liberada.
¡La patria de todas las manos que trabajan!
Para ellas y para su patria, ¡Alabanza!, ¡Alabanza!

Juan Antonio Corretjer

martes, 4 de diciembre de 2007

A mis amigos

José Gautier Benítez


Cuando no reste ya ni un solo grano
de mi existencia en el reloj de arena,
al conducir mi gélido cadáver,
no olvidéis esta súplica postrera:

no lo encerréis en los angostos nichos
que llenan la pared formando hileras,
que en la lóbrega, angosta galería
jamás el sol de mi país penetra.

El campo recorred del cementerio,
y en el suelo cavad mi pobre huesa;
que el sol la alumbre y la acaricie el aura,
y que broten allí flores y hierbas.

Que yo pueda sentir, si allí se siente,
a mi alrededor y sobre mí, muy cerca,
el vivo rayo de mi sol de fuego
y esta adorada borinqueña tierra.